ANIMALES FANTÁSTICOS. LOS CRÍMENES DE GRINDELWALD

Fuimos a ver Los crímenes de Grindelwald. No nos gustó.

Solo diré que, por muy pequeño que sea, cuando a una madre le cambian su bebé por otro, se da cuenta a los dos segundos. Que Eddie Redmayne es tan malo, que es más fácil hacer que Joshua Shea adopte sus tics que librarlo a él de ellos. Que son todos tan intensos que hasta Johnny Depp parece comedido. Que Queenie Goldstein no es el mismo personaje que en la primera parte, y el personaje de la primera parte era GENIAL. Que la película se titula Los crímenes de Grindelwald, pero salimos de la sala sin saber cuáles fueron esos crímenes. Que dejan demasiadas cosas para la tercera parte, que no se pueden abrir enigmas como el de Ariadne o el de Credence y no resolverlos, principalmente porque esta parte no tiene la suficiente fuerza como para quedarte esperando la siguiente. 

En definitiva, se veía venir que en algún momento iban a cagarla con la saga. Y ese momento ha llegado. 

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SEÑOR PÀMIES

Señor Pàmies

En el último mes de embarazo, en agosto de 2017, empecé a sentirme muy incómoda y dolorida. No sabía de qué manera distraerme para que el tiempo pasara más rápido, hasta que descubrí la radio. Oh, qué invento maravilloso. Que yo haya llegado tan tarde a él es normal, es el lema de mi vida: siempre llego tarde a todo.

Me apetecía reírme, escuchar cosas agradables, olvidarme de que empezaba a tener órbita propia. Y así descubrí a Sergi Pàmies. De escuchar sus últimas colaboraciones en Rac1 hasta la fecha a ponerme todos los podcasts de su sección del Versió desde 2012 fue solo un paso, y de ahí pasé a comprar sus libros —en catalán— y leerlos y, efectivamente, olvidarme del desplazamiento de mi centro de gravedad.

Fueron tantas las horas de Pàmies que tuve en los meses de agosto y septiembre de 2017, que mis primeras contracciones llegaron a las dos de la mañana, mientras escuchaba su comentario sobre No respires (y la cosa se alargó tanto, que me dio tiempo a verla antes de nacer la niña). Fueron tantas, tantas las horas, que al principio, cuando sonaba Pàmies en casa, la niña lo buscaba. Igual es que llegó a escuchar su voz más tiempo que la mía propia, quién sabe.

En fin, la cosa es que como sé que nunca conoceré a Pàmies en persona, he pensado que molaría sentarme con él un rato en el parque y dejar que me cuente.

MARIELLE FRANCO. LUCHA COMO ELLA

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El pasado mes de marzo asesinaron de cuatro tiros en la cabeza a Marielle Franco, concejala de Río de Janeiro. Copio aquí la información que da Amnistía Internacional sobre el caso:

“La defensora Marielle Franco llevaba años investigando asesinatos por parte de la policía de Río de Janeiro. Fue asesinada a balazos en marzo pasado. ¡EXIGE JUSTICIA!

A Marielle Franco alguien le quiso cerrar la boca.

Marielle era negra y nació pobre. Era madre soltera y bisexual.
Marielle era una luchadora y lo hacía por los derechos humanos de la gente en las favelas de Río de Janeiro.
Marielle era concejala de la ciudad. Llevaba años denunciando asesinatos por parte de la policía. Su influencia política iba a más y se había convertido en una persona incómoda.
La mataron de cuatro tiros en la cabeza en plena calle. Las cámaras de vídeo urbanas estaban apagadas en el punto exacto en que todo ocurrió. Es probable que agentes del Estado estén implicados.

Queremos saber qué ocurrió, que los responsables respondan ante la justicia.

Todos los años, decenas de defensores y defensoras de los derechos humanos como Marielle son asesinados en Brasil.

Marielle ya no puede seguir luchando, pero tú sí puedes hacer mucho para que su voz no se apague.”

Y tú, ¿qué puedes hacer? Puedes entrar aquí y firmar para hacer presión y exigir justicia. Lucha como ella. Lute como Marielle Franco.

DO DE PECHO. EN EL PARQUE

Que si por qué no le das el pecho, que si está todo el día enganchada, que si usa tu teta de chupete, que si se va a poner muy gorda, que si no se sacia, que si tienes poca leche, que si tu leche no alimenta, que si mejor le das un apoyo, que si le das biberón es que mucho no le querrás, que hasta cuándo le vas a dar el pecho…
Por favor, déjennos en paz.

Do de pecho 2

Huelga a la japonesa

Una de las cosas a las que te enfrentas cuando eres madre y no tienes ni pajolera idea de lo que haces (como es mi caso, que no sabía ni cómo cambiar un pañal), es a la superproducción de leche. La subida de la leche es una putada porque tus tetas se independizan de tu cuerpo y empiezan a hacer cosas que no puedes controlar como ponerse duras como piedras, crecer a lo loco y doler (tan solo los primeros días, luego todo va bien, no te asustes).

Sin embargo, para mí la verdadera lata es encontrarme con que tengo la capacidad de alimentar a toda la población de Coria del Río (mi pueblo natal, es el primero que se me ha venido a la cabeza) con tan solo un pecho (con el otro podemos hacer algo en La Puebla del Río, se me ocurre). Ellas van por libre, producen leche a mansalva, no vaya a ser que mi beba pase hambre. Pero claro, igual que cuando un vaso se llena hasta arriba, se acaba derramando, lo mismo pasa con mis tetas, que rebosan. Y así ando siempre, derramada perdida, con un manchurrón de leche desde la altura del pezón hasta el bajo del jersey (pasando por el disco de lactancia, el sujetador y la camiseta interior porque cuando mis tetas hacen huelga a la japonesa, la hacen pero mu requetebién) y empapada que con este frío ya me ha costado un buen catarro.

El sacaleches (os haré un post dedicado a este invento del cielo, que a mí me está salvando de mi paranoia de no desperdiciar leche, que parece que tenga el síndrome de la posguerra) está que echa humo de tanto trabajo que le doy y claro, pasa lo que pasa, que entre lo que chupa la niña y lo que chupa el trasto, mis tetas se vuelven locas venga a producir y el círculo vicioso parece lejos de acabar.

Poco me importa, la verdad, yo lo único que quiero es dejar de mojarme hasta que alguien invente la versión lactancia de la copa menstrual, una especie de bote que se ajuste a las tetas como el sujetador de Madonna y recoja todo lo que sale disparado. Que, por cierto, pegarle con el chorro de leche a la niña en to la cara es un clásico, pero es que en casa hemos alcanzado el nivel de pegarle un chorrazo al padre sin comerlo ni beberlo, que el pobre me tuvo que avisar de que iba hecha un aspersor por la casa (cuando das el pecho pasas mucho rato con las tetas al aire, no es que tenga yo el hábito de ir en pelotillas por la casa, son cosas de la maternidad).

Vale.

Huelga a la japonesa