CANDELA CUMPLE 11 MESES

Candela 11 meses

Candela tiene algo mágico que hace que todo el que la ve, la quiera. En Sant Jordi, la gente nos paraba en la calle para hablarle y desearle un buen día; en Plan, una turista se sentó en el suelo, a su lado, mientras ella jugaba con la hierba; más tarde, paseando con ella por el pueblo, alguien dijo: “¡Adiós, Candela!” y yo ni siquiera conocía a esa persona. Un camarero se abrió de brazos y le hizo muecas con solo vernos venir desde lejos. El día que entré en el metro reivindicando —con muy mala leche porque estaba ya cansada de lo mismo— el sitio reservado para gente con ruedas, lo único que dijeron los turistas a los que mandé a paseo fue: “¿Has visto qué niña tan bella?” (eso, pero en italiano).

Porque todo lo que tengo yo de huraña lo tiene ella de simpática, así que si un día nos cruzamos por la calle y no te saludo, ten por seguro que ella sí lo hará.

Y cuánta felicidad me están dando los Posca, oiga.

IMG_8337

Anuncios

CANDELA CUMPLE 9 MESES

Candela 9 meses

Es muy divertido verte crecer. Compartir cosas, verte ampliar tu mundo, moverte, articular intentos de palabras, celebrar sabores, elegir juguetes favoritos. Ahora vamos a vivir juntas tu primer verano, vamos a desafiar al sol para mantenernos blancas como la nieve, vamos a pasar frío en la montaña y calor en Andalucía. Y poco a poco, llegaremos a los diez y habremos tachado en nuestra lista unas cuantas primeras veces. Mientras tanto, seguiremos jugando con los patitos de goma en el baño como si fuera la primera vez.

CANDELA YA TIENE 8 MESES

Este mes vengo con retraso. Debería haber escrito este post el 14 de mayo, pero ciertas circunstancias personales y laborales (unas muy tristes y las otras que no falten) me han impedido estar al día con el blog. No en vano, el domingo posterior al fin del a Feria del Libro de Sevilla no hubo viñeta de MaruGenia. No me apetece entrar en detalle, pero si me lees y te apetece poner una vela en su memoria, te lo agradeceremos mucho tanto ella, en paz descanse, como yo.

Sin embargo, aunque un poco tarde, no quería dejar pasar el mes sin el tradicional retrato de Candela. Aquí está ella, con los pequeños rizos que empiezan a nacerle detrás de las orejas, con su primer diente ya a la vista (tiene dos y otro a punto de nacer) y con una sonrisa que… sí, lo llena todo, no me canso de mirarla, bla, bla, bla, pero para ser sinceros, es la que le sale cuando ve en la tele a Juanra Bonet, porque resulta, por si te pasa lo mismo que a mí y no lo sabías, que si te enganchas a un concurso de la tele con un bebé en casa, el bebé también se acaba enganchando y se pone feliz cuando llega la hora y aparece el presentador. La sombra del mito de la mala madre planea sobre mi cabeza, qué le vamos a hacer. Tan pequeña y ya hipnotizada por la televisión. Mea culpa, vale, pero jolines, qué sonrisa.

8 meses

DO DE PECHO. EN EL PARQUE

Que si por qué no le das el pecho, que si está todo el día enganchada, que si usa tu teta de chupete, que si se va a poner muy gorda, que si no se sacia, que si tienes poca leche, que si tu leche no alimenta, que si mejor le das un apoyo, que si le das biberón es que mucho no le querrás, que hasta cuándo le vas a dar el pecho…
Por favor, déjennos en paz.

Do de pecho 2

CANDELA CUMPLE 7 MESES

Candela 7 meses

Estrenamos mes con muchas novedades en la vida de Candela. Entre otras cosas, le acaba de salir su primer diente. ¿Sabías que un diente podía llegar a hacerte inmensamente feliz? Porque a mí me ha pillado por sorpresa, pero cuando antes de ayer le noté el diente, lo toqué, lo vi… ¡me hizo tanta ilusión como si encontraran un manuscrito perdido de Cervantes! Aunque, por otro lado, también me da pena no volver a verla más así, desdentadita, como un bebé en sus primeros meses. ¡No puedo tener la primera crisis del crecimiento! ¿Qué voy a dejar para la adolescencia? ¿¿Qué va a ser de mí cuando me entre el síndrome del nido vacío?? Madre mía… mejor dejo de escribir, que me ha entrado vértigo solo de imaginar que mi niña se marcha de casa para estudiar una carrera en la Conchinchina… todo me da vueltas.

¡Maldito diente!

Por cierto, el retrato de este mes está hecho con lápices Faber Castell. Para mí es una técnica nueva, nunca se me dio bien dar color con lápices, pero esta vez me apetecía probar.

Huelga a la japonesa

Una de las cosas a las que te enfrentas cuando eres madre y no tienes ni pajolera idea de lo que haces (como es mi caso, que no sabía ni cómo cambiar un pañal), es a la superproducción de leche. La subida de la leche es una putada porque tus tetas se independizan de tu cuerpo y empiezan a hacer cosas que no puedes controlar como ponerse duras como piedras, crecer a lo loco y doler (tan solo los primeros días, luego todo va bien, no te asustes).

Sin embargo, para mí la verdadera lata es encontrarme con que tengo la capacidad de alimentar a toda la población de Coria del Río (mi pueblo natal, es el primero que se me ha venido a la cabeza) con tan solo un pecho (con el otro podemos hacer algo en La Puebla del Río, se me ocurre). Ellas van por libre, producen leche a mansalva, no vaya a ser que mi beba pase hambre. Pero claro, igual que cuando un vaso se llena hasta arriba, se acaba derramando, lo mismo pasa con mis tetas, que rebosan. Y así ando siempre, derramada perdida, con un manchurrón de leche desde la altura del pezón hasta el bajo del jersey (pasando por el disco de lactancia, el sujetador y la camiseta interior porque cuando mis tetas hacen huelga a la japonesa, la hacen pero mu requetebién) y empapada que con este frío ya me ha costado un buen catarro.

El sacaleches (os haré un post dedicado a este invento del cielo, que a mí me está salvando de mi paranoia de no desperdiciar leche, que parece que tenga el síndrome de la posguerra) está que echa humo de tanto trabajo que le doy y claro, pasa lo que pasa, que entre lo que chupa la niña y lo que chupa el trasto, mis tetas se vuelven locas venga a producir y el círculo vicioso parece lejos de acabar.

Poco me importa, la verdad, yo lo único que quiero es dejar de mojarme hasta que alguien invente la versión lactancia de la copa menstrual, una especie de bote que se ajuste a las tetas como el sujetador de Madonna y recoja todo lo que sale disparado. Que, por cierto, pegarle con el chorro de leche a la niña en to la cara es un clásico, pero es que en casa hemos alcanzado el nivel de pegarle un chorrazo al padre sin comerlo ni beberlo, que el pobre me tuvo que avisar de que iba hecha un aspersor por la casa (cuando das el pecho pasas mucho rato con las tetas al aire, no es que tenga yo el hábito de ir en pelotillas por la casa, son cosas de la maternidad).

Vale.

Huelga a la japonesa